Después de horas caminando por un bosque remoto, dos amigas pensaron que habían encontrado el lugar perfecto para refrescarse. Bajo una cascada había una profunda piscina natural rodeada de vegetación y enormes paredes de roca. Entraron al agua, tomaron varias fotografías y disfrutaron del lugar aislado, sin darse cuenta de lo que había detrás de ellas.
Más tarde, mientras revisaban las imágenes, una de ellas descubrió una extraña figura pálida cerca de las rocas. Parecía tener forma humana y estaba junto a la cascada, parcialmente oculta por la niebla.
Compararon dos fotografías tomadas con apenas unos segundos de diferencia. La figura aparecía en ambas, pero parecía haberse acercado al agua. Ninguna de las dos recordaba haber visto a otra persona cerca ni haber observado un camino evidente hacia aquella zona.
Cuando enseñaron las fotografías al dueño del alojamiento, su reacción las inquietó todavía más. Les contó que algunos excursionistas habían mencionado haber visto a alguien cerca de la cascada y les aconsejó no regresar solas, especialmente al atardecer.
Nunca descubrieron quién era aquella figura. Podía ser otro excursionista, un efecto de las sombras y la niebla o algo mucho más difícil de explicar.

