A veces, la vida no se rompe: simplemente cambia. Eso fue lo que ocurrió cuando nació Ollie. Su joven madre, Amy, recibió una noticia difícil: su hijo sería “un poco diferente”.
Los médicos descubrieron que Ollie tenía una rara enfermedad llamada encefalocele, en la que parte del tejido cerebral atraviesa una abertura en el cráneo. En su caso, se había formado una bolsa llena de líquido alrededor de la nariz.
Al principio, Amy tenía miedo. Su bebé parecía tan frágil que incluso tocarlo le provocaba preocupación. Pero cada vez que Ollie sonreía, el miedo comenzaba a transformarse en amor.
Fuera de casa, no todos fueron comprensivos. Algunas personas se quedaban mirándolo, otras se reían y hasta hubo quienes hicieron comentarios crueles sobre su aspecto. Amy decidió entonces que nadie conseguiría hacer sentir avergonzado a su hijo.
Cuando Ollie tenía apenas 21 meses, fue sometido a una compleja cirugía de dos horas en el Birmingham Children’s Hospital. Los médicos retiraron la bolsa de líquido, reconstruyeron la zona de la nariz y cerraron la abertura del cráneo.
La operación salió bien.
Con los años, Ollie se convirtió en un niño alegre, lleno de energía y siempre dispuesto a hacer reír a los demás.
Su aspecto podía ser diferente, pero su historia demostró que la verdadera belleza no depende de la apariencia.


