¿Por qué el pollo descongelado a veces se vuelve morado?
El miedo aparece de inmediato. Abres el paquete de pollo y descubres unas manchas moradas oscuras debajo de la piel. De repente, la cena ya no parece tan segura. ¿La carne está echada a perder? ¿Podría ser peligrosa para la familia?
Por suerte, esas extrañas manchas moradas suelen ser mucho menos preocupantes de lo que parecen.
En muchos casos, el cambio de color se debe a la mioglobina y a los pigmentos de la médula ósea que se desplazan durante la congelación y descongelación. Esto puede ser más visible en pollos jóvenes, cuyos huesos son más porosos. Cuando se forman y se derriten los cristales de hielo, algunas células pueden romperse y liberar pigmentos en los tejidos cercanos, produciendo zonas moradas o rojizas.
Aunque el aspecto puede resultar inquietante, el color por sí solo no significa necesariamente que el pollo esté en mal estado.
Lo más importante es prestar atención al olor, la textura y cómo se ha conservado. El pollo fresco debería tener un olor relativamente neutro y una textura húmeda, pero nunca viscosa. Un tono verde o gris, un olor desagradable o una conservación inadecuada son señales mucho más preocupantes.
Si el pollo se descongeló correctamente en el refrigerador o en agua fría y no presenta otras señales de deterioro, debe cocinarse hasta alcanzar una temperatura interna de 165 °F (74 °C).
Así que antes de alarmarte por el pollo morado, recuerda: el color por sí solo no determina si está fresco o seguro.

