En su cumpleaños número 62, pensó que finalmente había escapado de la soledad que la acompañaba desde la muerte de su esposo. A la mañana siguiente descubriría que el hombre que había conocido aquella noche escondía un secreto aterrador.
Sus hijos habían olvidado su cumpleaños y ella había pasado el día sola, frente a un pequeño pastel que había comprado para sí misma. En lugar de quedarse en casa, se puso su vestido verde favorito y salió a un bar de la ciudad.
Allí conoció a Daniel, un fotógrafo encantador que parecía estar realmente interesado en ella. Hablaron durante horas y, cuando él supo que era su cumpleaños, incluso pidió un postre con una vela.
Más tarde, tomó una decisión que jamás imaginó tomar.
Pero cuando despertó a la mañana siguiente, Daniel había desaparecido.
Sobre la mesita había un sobre blanco. Dentro encontró una fotografía de ella durmiendo, tomada claramente sin su conocimiento.
El mensaje escrito detrás era todavía más inquietante: «Gracias por esta maravillosa noche. Perdóname por lo que hice después. Pronto entenderás todo».
Entonces descubrió que su caja fuerte estaba vacía.
Habían desaparecido el dinero, las joyas y documentos importantes.
Pero la última fotografía la dejó paralizada.
Daniel aparecía junto a alguien que conocía muy bien: su propio hijo.
La fotografía había sido tomada semanas antes.
De repente, aquella noche en el bar ya no parecía una coincidencia.
Alguien muy cercano a ella podría haberlo planeado todo desde el principio.
