La guerra puede haber comenzado en Irán, pero su peligro ya se está extendiendo por todo el Golfo Pérsico.
Irán ha lanzado repetidamente misiles y drones hacia países que albergan fuerzas estadounidenses, entre ellos Baréin, Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Teherán afirma que sus objetivos son instalaciones militares de Estados Unidos. Los gobiernos del Golfo, por su parte, hablan de interceptaciones, restos de misiles, cierres del espacio aéreo y medidas para proteger a la población.
La diferencia es importante porque esas bases están rodeadas de ciudades e infraestructuras estratégicas.
Los Emiratos albergan fuerzas estadounidenses en Al Dhafra, cerca de Abu Dabi. Catar tiene Al Udeid, uno de los principales centros de mando estadounidenses de la región. Kuwait cuenta con varias instalaciones vinculadas a las fuerzas estadounidenses, mientras que Baréin alberga la Quinta Flota de Estados Unidos.
Irán ha incluido repetidamente estos lugares entre sus objetivos. Sin embargo, los gobiernos del Golfo suelen informar de interceptaciones más que de impactos directos confirmados.
Pero interceptar un misil no elimina el peligro. Los restos pueden caer sobre zonas habitadas, provocar incendios o causar heridos.
Y existe otra preocupación: el estrecho de Ormuz. Las amenazas militares, los ataques, las minas y el aumento de los riesgos para los barcos ya están afectando al transporte comercial.
Para los gobiernos del Golfo, el dilema es cada vez más difícil de ignorar: la presencia militar estadounidense busca proporcionar seguridad, pero Irán sostiene que esa misma presencia convierte sus territorios en objetivos.
Y cada nueva noche de sirenas hace que una guerra regional parezca más difícil de contener.

