Nadia Fares, fallecida a los 57 años, deja tras de sí una carrera marcada por interpretaciones memorables y una vida que trascendió los escenarios.
Nacida en Marruecos y posteriormente desarrollando su carrera en Francia, se hizo conocida por la profundidad emocional y la fuerza que aportaba a sus papeles.
Lejos de las cámaras, Nadia afrontó desafíos personales y médicos, sin dejar de ser fiel a su familia y a sus ambiciones artísticas.
Sus hijas la recuerdan no solo como actriz, sino como una madre amorosa que llenó sus vidas de calidez, humor y cariño.
Una de sus mayores ambiciones personales era dirigir una película. Aunque no pudo completar el proyecto,
las ideas y la visión creativa que desarrolló siguen siendo significativas para su familia y para quienes la conocieron.
El público quizás recuerde a Nadia por su trabajo en el cine, pero su familia recuerda a la mujer tras la imagen pública: una madre que amaba profundamente, reía con libertad,
y se mantuvo fiel a sus hijas. Su legado artístico perdura a través de sus interpretaciones, mientras que su legado personal continúa a través de quienes mantienen viva su memoria.

