Lo primero que todo padre debe comprender es esto: un labio hendido o un paladar hendido no es culpa tuya. Nada de lo que hayas hecho o dejado de hacer provocó que tu bebé naciera con esta condición. Los factores genéticos y algunas circunstancias poco frecuentes pueden influir en el riesgo, pero nunca debes culparte automáticamente.
Esta fisura aparece cuando los tejidos que forman el rostro del bebé no se unen completamente durante las primeras etapas del embarazo. Puede afectar a uno o ambos lados del labio, al paladar o a ambos.
Algunas fisuras son completas y otras incompletas. El tratamiento depende del tipo y la gravedad, y un equipo médico especializado puede orientar a la familia sobre las opciones disponibles.
Los niños que nacen con esta condición pueden crecer, aprender, jugar, ir a la escuela, formar relaciones y disfrutar de una vida plena.

Ama a tu bebé con todo tu corazón. Tu hijo merece la misma felicidad, atención y oportunidades que cualquier otro niño. Cuando estés preparado, contacta con el coordinador de tu equipo médico para conocer los próximos pasos y el apoyo disponible para tu familia.

