Esos granitos persistentes en la mandíbula pueden afectar tu confianza incluso antes de comenzar el día. Y cuando reaparecen constantemente, cambiar la rutina de cuidado facial quizá no sea suficiente para solucionar el problema.
El acné aparece cuando los folículos pilosos se obstruyen con grasa y células muertas, provocando inflamación. Los cambios hormonales, la genética, ciertos medicamentos y algunas enfermedades pueden contribuir a los brotes. La fricción al afeitarse o el roce de las correas también pueden empeorarlos.
Sin embargo, tener acné en esta zona no significa necesariamente que exista un desequilibrio hormonal, ni que tu piel esté sucia.
Para los casos leves, comienza con una limpieza suave y productos que no obstruyan los poros. Los tratamientos con peróxido de benzoilo o ácido salicílico pueden ayudar, pero conviene introducirlos poco a poco para evitar irritaciones. No exprimas los granitos ni frotes la piel con fuerza, ya que podrías agravar la inflamación y favorecer las cicatrices.
La paciencia es fundamental: los resultados pueden tardar varias semanas. Si aparecen lesiones profundas y dolorosas, quedan cicatrices o el acné persiste, consulta con un profesional sanitario para encontrar el tratamiento adecuado.
