El Senado no se limitó a aprobar otro proyecto de ley. Produjo una sorprendente muestra de apoyo bipartidista que podría cambiar la manera en que Estados Unidos aborda la energía nuclear.
Con 88 senadores votando juntos, los legisladores avanzaron hacia un sistema que facilitaría y aceleraría el desarrollo de una nueva generación de reactores nucleares. Sus defensores consideran que representa una gran oportunidad para ampliar la energía sin emisiones de carbono, crear empleos y fortalecer el liderazgo estadounidense en tecnología nuclear.
Sin embargo, sus críticos ven riesgos importantes detrás del entusiasmo. Durante décadas, grupos ambientalistas han advertido sobre accidentes, residuos nucleares y las consecuencias a largo plazo de ampliar esta industria. Ahora, algunos celebran la iniciativa mientras otros creen que supone cruzar una línea peligrosa.
La inusual coalición del Senado reúne a demócratas preocupados por el clima, republicanos interesados en energía y empleos nacionales, y defensores de la seguridad nacional que observan la competencia tecnológica con Rusia y China.
El proyecto reduciría obstáculos regulatorios, ofrecería incentivos para diseños avanzados y presionaría a los reguladores para avanzar con mayor rapidez.
Pero los 88 votos no eliminan el debate fuera de Washington.
Las comunidades que ya viven cerca de instalaciones nucleares siguen planteando preguntas sobre los residuos y los riesgos. Los grupos ambientalistas permanecen divididos, mientras la industria ve una oportunidad con posibles consecuencias duraderas.
Para Biden, la decisión representa mucho más que firmar o rechazar un proyecto de ley. Significa elegir entre avanzar rápidamente hacia nuevas tecnologías nucleares o aceptar la incertidumbre que ese camino implica.
Y, ocurra lo que ocurra, sus consecuencias podrían extenderse mucho más allá de esta presidencia.

