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Puede que estés ignorando una bomba de relojería mortal en tu propia piel.

Apenas sentí cuando una espina de rosa me rozó el dedo. Era una herida tan pequeña que la limpié, le puse una venda y seguí con mi día. Nunca imaginé que, tres días después, una inquietante línea roja comenzaría a subir por mi brazo.

Lo que parecía un simple rasguño había terminado convirtiéndose en celulitis, una infección bacteriana de la piel y de los tejidos que se encuentran debajo. El enrojecimiento comenzó a extenderse y la zona se volvió cada vez más caliente, dolorosa e hinchada. De repente, aquella pequeña herida necesitaba atención médica y tratamiento con antibióticos.

La experiencia me enseñó algo que antes no tomaba suficientemente en serio: incluso una pequeña ruptura de la piel puede permitir que las bacterias entren en el organismo. La mayoría de los cortes y rasguños pequeños cicatrizan sin problemas, pero existen señales de alarma que nunca deberían ignorarse.

Enrojecimiento que se extiende, líneas rojas que avanzan desde la herida, aumento del dolor o la hinchazón, calor en la zona, pus, fiebre, escalofríos o sentirse repentinamente mal pueden indicar una infección que necesita valoración médica. Las personas con diabetes, defensas debilitadas o problemas de circulación pueden tener un mayor riesgo de complicaciones.

Ante una herida pequeña, lo importante es limpiarla suavemente con agua y jabón, mantenerla protegida con un vendaje limpio y observar su evolución. Si el enrojecimiento continúa avanzando o los síntomas empeoran, no conviene simplemente esperar.

Aquella diminuta espina cambió mi forma de ver las heridas. A veces, una lesión que parece insignificante merece mucha más atención de la que imaginamos.

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